El Panóptico de Bogotá: de prisión a museo
La historia detrás de La memoria del edificio que terminó guardando la memoria de Colombia.
📍 Bogotá — 1948 ✍️ Gruta Simbólica ⏱️ 9 minutos de lectura
Quien pasa hoy frente al Museo Nacional de Colombia, sobre la carrera Séptima de Bogotá, encuentra un edificio imponente, de muros gruesos y una arquitectura que parece guardar secretos detrás de cada ventana.
Y no le falta razón.
Porque antes de convertirse en casa guardián de importantes colecciones históricas y artísticas del país, este lugar fue una prisión. No fueron pocas las décadas en que sus muros escucharon las voces de presos, testificaron castigos, así como algunos de los episodios más difíciles de la historia nacional.
El que hoy conocemos como Museo Nacional de Colombia, tuvo durante muchos años otro nombre: La Penitenciaría Central de Cundinamarca, conocida popularmente como el Panóptico de Bogotá.
Y para entender cómo un presidio terminó convertido en museo, hay que regresar al siglo XIX. Vamos.
En esta historia descubrirás:
✓ El origen del Panóptico: cómo nació la idea de construir una prisión moderna para Bogotá.
✓ Los personajes que pasaron por sus muros: las historias de algunos presos célebres y las duras condiciones que quedaron registradas en Secretos del Panóptico.
✓ La transformación de prisión en museo: cómo un lugar de encierro terminó convertido en la nueva sede del Museo Nacional de Colombia en 1948.
UNA PRISIÓN PARA LA CAPITAL

La historia comenzó mucho antes de que se pusiera la primera piedra.
En 1847, el general Tomás Cipriano de Mosquera concibió la idea de construir una penitenciaría central para Cundinamarca. El propósito era levantar una prisión que respondiera a las necesidades de la época y que, al menos en su planteamiento inicial, permitiera a los reclusos acercarse a Dios, aprender un oficio y prepararse para regresar algún día a la sociedad.
Para desarrollar el proyecto se recurrió al arquitecto Thomas Reed, nacido en la isla de Santa Cruz, entonces colonia danesa, quien había llegado a Colombia por solicitud de Mosquera.
Reed no resultaba ser un desconocido en el país. En 1849 fue nombrado director de Obras Públicas de Colombia y profesor de arquitectura en la Universidad Central y en el Colegio Militar, actividades que alternó con su pasión por la música y los planos que trazó para luego empezar a levantar sobre ellos el Capitolio Nacional; una obra que dirigió hasta 1851, cuando se tuvo que suspender por falta de presupuesto debido al inicio de la guerra civil.
Fue durante la década de 1850 que el danés preparó los planos de la penitenciaría, siguiendo el modelo panóptico, una propuesta arquitectónica que permitía vigilar los espacios de reclusión desde un punto central.
Pero una cosa era tener los planos y otra muy distinta levantar el edificio. Ya contamos como la guerra se atravesó a las obras de la ciudad, y la de la cárcel no fue la excepción. Por lo mismo, su construcción tuvo que esperar varios años.
LA PRIMERA PIEDRA
El 22 de enero de 1873, el Gobierno expidió el decreto que autorizaba la construcción de la Penitenciaría Central de Cundinamarca.
Pasó más de un año para que, el 1 de octubre de 1874, Eustorgio Salgar, entonces gobernador del Estado de Cundinamarca, pusiera la primera piedra de la esperada obra, dando inicio así a la construcción de la edificación que terminaría marcando la historia de Bogotá.
El proyecto arquitectónico estuvo inicialmente a cargo de Ramón Guerra Azuola y, más adelante, de Francisco Olaya, arquitecto colombiano y alumno de Thomas Reed.
El edificio se levantó con una estructura en forma de cruz, distribuida en varios pisos y con espacios destinados a diferentes funciones. Tenía celdas individuales, calabozos, una enfermería, capilla, salón para la guardia y cuatro patios, entre otras dependencias.
Todo estaba pensado para el funcionamiento de una penitenciaría.
Sin embargo, la construcción se prolongó durante años y Thomas Reed no alcanzó a ver terminado el edificio. Había abandonado Colombia en 1860 y se había trasladado a Ecuador, donde también desarrolló importantes proyectos arquitectónicos. Murió en Riobamba en 1878, mientras la última obra que trazó para Bogotá, la prisión, comenzaba a tomar forma.
MUROS CON HISTORIA

No tardo la Penitenciaría Central en convertirse en una de las cárceles más importantes del país. Y ya, durante la Guerra de los Mil Días, entre 1899 y 1902, el Panóptico adquirió una relevancia particular, pues allí fueron recluidos personajes de la vida política y cultural colombiana.
Entre ellos estuvieron Enrique Olaya Herrera, Foción Soto, Julio Flórez y Adolfo León Gómez.
Este último, León Gómez, dejó un testimonio de lo que ocurría tras aquellos muros en su libro Secretos del Panóptico, donde narró las condiciones de los presos, los castigos que se imponían y algunas de las fugas que llegaron a alarmar a las autoridades.
Porque el edificio que había sido concebido como un lugar de vigilancia y reclusión terminó convirtiéndose también en escenario de historias que reflejaban las tensiones políticas y sociales del país.
Con el paso del tiempo, sus instalaciones comenzaron a resultar insuficientes para albergar a los reclusos. Fue entonces cuando el Gobierno decidió construir una nueva cárcel, La Picota, a la que serían trasladados los presos.
Y fue precisamente esa decisión la que abrió la puerta a un cambio que nadie, o muy pocos, imaginaron.
UNA NUEVA CASA PARA EL MUSEO NACIONAL

Mientras el Panóptico cumplía su función como prisión, el Museo Nacional de Colombia llevaba más de un siglo buscando una sede definitiva.
La institución había sido fundada por ley del primer Congreso de la República el 28 de julio de 1823, y abrió sus puertas al público el 4 de julio de 1824, durante el gobierno de Francisco de Paula Santander.
En sus primeros años funcionó en la antigua Casa Botánica, una edificación relacionada con la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, dirigida por el sabio José Celestino Mutis.
Allí se exhibían colecciones de zoología, entomología, botánica, mineralogía, paleontología y arqueología. Con el tiempo, a esas piezas se sumaron objetos históricos y artísticos.
Pero el Museo no permaneció siempre en el mismo lugar.
Por distintas circunstancias políticas y económicas, pasó por varias sedes: el edificio de Las Aulas, que compartía con la Biblioteca Nacional; el desaparecido Pasaje Rufino Cuervo, y el edificio Pedro A. López, entre otros espacios.
Durante más de un siglo, la institución tuvo que adaptarse a diferentes lugares, sin contar con una sede permanente. Fue hasta 1946 que el ministro de Educación Nacional, Germán Arciniegas, ordenó iniciar las adecuaciones de la antigua penitenciaría para trasladar allí el Museo Nacional. La intención era darle estabilidad a una institución que ya llevaba más de 120 años de historia. Pronto se hizo urgente la tarea de transformar el viejo panóptico en un moderno museo.
| COLOMBIA EN 1948 📍 La Marcha del Silencio — 7 de febrero Jorge Eliécer Gaitán encabezó en Bogotá una multitudinaria manifestación pacífica para protestar contra la violencia política que golpeaba a los liberales en distintas regiones del país. 📍 El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán — 9 de abril El líder liberal fue asesinado en Bogotá. Su muerte desencadenó el Bogotazo y provocó levantamientos y disturbios en diferentes lugares del país, agravando la violencia política. 📍 La IX Conferencia Panamericana Delegaciones de países americanos se reunieron en Colombia entre marzo y mayo. Pese a la crisis del 9 de abril, la conferencia concluyó con acuerdos fundamentales para la cooperación continental. 📍 Nació la Organización de los Estados Americanos (OEA) — 30 de abril En Bogotá se firmó la Carta de la OEA, que estableció una nueva organización para promover la cooperación entre los países del continente. 📍 Se agudizó la violencia política en las regiones El asesinato de Gaitán profundizó los enfrentamientos partidistas. En varias zonas surgieron levantamientos, juntas revolucionarias y formas de resistencia que contribuyeron a extender el periodo histórico conocido como La Violencia. |
DE LAS CELDAS A LAS SALAS DE EXPOSICIÓN

La tarea de convertir una prisión en museo quedó en manos de los arquitectos Hernando Vargas Rubiano y Manuel de Vengoechea.
Fueron ellos los encargados de las obras de adecuación y restauración del nuevo museo que tardaron cerca de dos años. Había que preparar los espacios para recibir colecciones, organizar salas y adaptar el edificio a una función completamente diferente de aquella para la que había sido construido. Todo contra el tiempo, porque la inauguración tenía fecha, el 9 de abril de 1948.
Solo que ese día Bogotá se vio envuelta en uno de los episodios más dramáticos de su historia: el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y los disturbios que siguieron, conocidos como el Bogotazo. La ceremonia tuvo que aplazarse.
Finalmente, el 2 de mayo de 1948, el Museo Nacional abrió sus puertas en su nueva sede, la antigua Penitenciaría Central de Cundinamarca. Fue así como el edificio que durante décadas había encerrado personas comenzaba una nueva vida, esta vez dedicado a conservar y mostrar la historia del país.
«GRAN ACIERTO TRANSFORMAR UN PRESIDIO EN MUSEO»

Décadas después, el arquitecto suizo-francés Le Corbusier pasó frente al edificio y preguntó: «Qu’est-ce que c’est?».
Le explicaron que era un presidio que se estaba transformando internamente en museo.
Su respuesta fue contundente:
«Gran acierto transformar un presidio en museo».
La frase quedó recogida por Hernando Vargas Rubiano el 25 de mayo de 1993 y resume muy bien el cambio de destino de aquella construcción.
Porque el Panóptico no dejó de ser importante cuando perdió su función como cárcel. Por el contrario, comenzó a ocupar otro lugar en la vida de Bogotá.
Sus muros, que habían conocido la reclusión, pasaron a albergar piezas que permiten entender la historia, la cultura y las distintas experiencias que han dado forma a Colombia.
Y, con el paso de los años, el edificio también se convirtió en escenario de exposiciones y encuentros culturales. Durante los años setenta, por ejemplo, recibió el Salón Nacional de Artistas.

UN MONUMENTO QUE TAMBIÉN NECESITABA SER RESTAURADO
El cambio de uso no significaba que la historia del edificio hubiera terminado.
En 1975, el Gobierno lo declaró Monumento Nacional, reconociendo así sobre un papel sus valores arquitectónicos e históricos.
Entonces, no se hicieron esperar nuevas intervenciones sobre la edificación. Entre 1976 y 1977 se realizó una restauración parcial y, más adelante, entre 1989 y 2001, se adelantó un proyecto de restauración integral que permitió recuperar y adecuar sus espacios.
El trabajo culminó en 2001, cuando se abrieron la totalidad de las salas de exhibición.
Después llegaron otras mejoras, como el proyecto de accesibilidad de los jardines frontales, realizado en 2012, para facilitar el ingreso de los visitantes en igualdad de condiciones.
Y mientras el edificio recuperaba su estructura y se adaptaba a las necesidades del público, el Museo seguía ampliando su tarea: conservar, investigar y divulgar los testimonios representativos de los valores culturales de la nación.
DOS SIGLOS DE HISTORIA
Hoy, el Museo Nacional de Colombia es una de las instituciones culturales más antiguas del país y una de las más antiguas de América. Su historia que comenzó en 1823 ya tiene más de dos siglos, mientras que la construcción arrancó en 1874.
Y esa diferencia también forma parte de su historia, porque el Museo tuvo que pasar por distintas sedes antes de encontrar un lugar permanente, como ya vimos. Y el edificio que finalmente lo recibió había sido concebido para una función muy diferente, la de albergar presos.
Hoy, el antiguo Panóptico continúa transformándose para presentar distintas visiones de la historia y la cultura colombianas, sin dejar de abrir sus puertas al público.
Donde antes se vigilaba a los presos, hoy se conserva la memoria de un país.
Y quizá ese sea el mayor cambio en la historia del Panóptico: que un edificio concebido para encerrar terminó convirtiéndose en un lugar al que los colombianos entran para conocer su propia historia.
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