Lápiz Mágico

Ricardo Acevedo Bernal

EL PINTOR QUE LLEVÓ SU MIRADA DE BOGOTÁ AL MUNDO

En aquella ciudad nació Ricardo Acevedo Bernal, el hombre que terminaría convirtiéndose en uno de los más importantes retratistas colombianos, pero cuya historia no se quedó solamente en los lienzos. Fue un 4 de mayo de 1867.

En aquella ciudad nació Ricardo Acevedo Bernal, el hombre que terminaría convirtiéndose en uno de los más importantes retratistas colombianos, pero cuya historia no se quedó solamente en los lienzos. Fue un 4 de mayo de 1967.

Porque a la final, Acevedo Bernal, aparte de pintor, fue profesor, director de la Escuela Nacional de Bellas Artes, viajero, muralista y hasta compositor de música colombiana.

Pero para entender cómo llegó hasta allí, hay que volver a sus primeros años. Vamos.

ENTRE EL COLEGIO Y LOS PINCELES

Fue en el Colegio Mayor de San Bartolomé, donde Acevedo Bernal tuvo como maestro de pintura al padre Santiago Páramo, quien además de religioso era artista. Luego vendría para el bogotano su ingreso a la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde recibió las enseñanzas del pintor Pantaleón Mendoza.

Y fue allí, en esa escuela de Bellas Artes, donde Acevedo Bernal comenzó a formarse como el artista que, con el tiempo, encontraría en el retrato su mayor forma de expresión, luego de practicar diferentes géneros y técnicas. En consecuencia, fue el retrato al óleo y al pastel el que mayores reconocimientos le dio.

Junto con al también artista bogotano Epifanio Garay, se convirtió en uno de los representantes más importantes del retrato en Colombia. Pero Acevedo tenía una manera particular de pintar.

Resulta que, a diferencia de Garay, su inmediato antecesor, iluminaba los fondos y utilizaba la luz natural para construir figuras más ágiles y vitales. Distinta fue su experiencia pintando paisajes, un género que practicó en contadas ocasiones.

Obra: La niña de la columna (1894).

Óleo sobre tela. 41 X 30.5 cm.

Museo Nacional de Colombia

NUEVA YORK ESTABA AL OTRO LADO

Con 23 años, a Ricardo Acevedo le llegó la oportunidad de viajar a Nueva York, una experiencia que termino siendo decisiva en su vida de artista.

Permaneció allí entre 1890 y 1898, ocho años durante los cuales trabajó en diferentes estudios fotográficos, iluminando fotografías, un oficio que por lo general estaba reservado a jóvenes pintores.

Pero aquello no sería simplemente un trabajo: Nueva York también se convirtió en una escuela.

Fueron esos los años en los que entró en contacto con el ambiente artístico de la ciudad, vinculándose a la Liga de Artistas de Nueva York y colaborando con el pintor estadounidense William Merritt Chase.

Obra: Cabeza de Cristo (1900).

Óleo sobre cartón. 26 x 20 cm.

Banrepcultural

DE VUELTA EN BOGOTÁ

Ocho años después, en 1898, regresó a Bogotá, ya como miembro de la Liga de Artistas de Nueva York. Al año siguiente organizó una academia de pintura y comenzó a repartir su tiempo entre los numerosos encargos que recibía y la docencia.

No solo fueron los días en que se hizo cargo de la cátedra de pintura en el Instituto San Luis, donde también trabajaba el pintor Domingo Moreno Otero, sino que resolvió retratar en lienzos su vida personal.

De ahí salió ese retrato que recuerda a su primera esposa, doña Blanca Tenorio, elaborado al pastel. Ella murió muy joven y, años después, Acevedo Bernal se casó con doña Rosa Biester, con quien tuvo cuatro hijos, todos vinculados a las artes.

Obra: Rosa de Biester de Acevedo (1905).

Óleo sobre tela. 116 x 61 cm.

Museo Nacional de Colombia

LA SAGRADA FAMILIA Y EL BAUTISMO DE CRISTO

Otra historia fue la de las palomas mensajeras que volaron sobre la Plaza de Bolívar esa mañana.

Fue en 1899 cuando a Ricardo Acevedo le llegó uno de sus primeros grandes reconocimientos: durante la exposición del 20 de julio, el pintor bogotano fue premiado por su cuadro La Sagrada Familia, al tiempo que realizaba el Bautismo de Cristo, un cuadro que tenía como destino al bautisterio de la Catedral Primada de Bogotá.

Aquella obra fue encargada por el doctor Manuel Antonio Ángel, quien acababa de apadrinar a una niña del director del periódico El Heraldo, José Joaquín Pérez.

El cuadro fue criticado por su poca naturalidad.

Sin embargo, tenía un mérito particular: era uno de los pocos ejemplos de mecenazgo colombiano de aquella época. Y mientras su obra religiosa iba ocupando espacios en diferentes templos, algo más estaba ocurriendo en Colombia.

Obra: La Virgen al pie del madero (1930).

Óleo sobre tela. 160 x 105,5 cm.

Museo Nacional de Colombia

COLOMBIA ENTRE 1867 Y 1930

📍 1870 – Se funda la Escuela Normal Central de Institutores
Durante el gobierno de Eustorgio Salgar se impulsó una importante reforma educativa, con la llegada de la misión alemana que ayudó a modernizar la formación de maestros en Colombia.
📍 1886 – Nace una nueva Constitución para Colombia
Rafael Núñez impulsó la Constitución de 1886, que estableció un sistema centralista y marcó la vida política del país durante varias décadas. Acevedo Bernal tenía entonces 19 años.
📍 1899–1902 – La Guerra de los Mil Días
Colombia entró en una de sus guerras civiles más devastadoras. El conflicto enfrentó a liberales y conservadores y dejó profundas consecuencias económicas, políticas y sociales. Acevedo Bernal vivió estos años mientras desarrollaba su carrera artística en Bogotá.
📍
1928 – La Masacre de las Bananeras: en diciembre de 1928, trabajadores de la United Fruit Company se concentraron en Ciénaga, Magdalena, para reclamar mejores condiciones laborales. La intervención de la fuerza pública terminó en una masacre que quedó profundamente marcada en la historia social y política de Colombia.

PINTAR TAMBIÉN ERA CONSTRUIR

La renovación católica mundial que tuvo lugar a finales del siglo XIX y comienzos del XX, iniciada por los teóricos y continuada por arquitectos y pintores, también llegó a Colombia, permitiendo que Acevedo Bernal no se limitara a pintar cuadros sobre un caballete.

Pronto pasó a realizar proyectos arquitectónicos, pintura mural y obras religiosas para diferentes templos. Parte de ese trabajo quedó en lugares como la Catedral de Tunja, San Antonio de Bogotá, El Sagrario y el Voto Nacional.

Entre esas obras se encuentran, por ejemplo, el óleo de la Virgen del Carmen y El Evangelista San Marcos, este último ubicado en una de las pechinas de la Catedral.

Pero mientras el artista realizaba los encargos para las iglesias bogotanas, tenía en mente viajar a Europa.

PARÍS, OTRA ESCUELA

Después de dirigir la Escuela Nacional de Bellas Artes, en 1902, Acevedo Bernal viajó nuevamente al exterior. Esta vez su destino fue al viejo mundo: Europa.

Fue París su primer destino, allí estudió en la Academia Julien, donde recibió enseñanzas de Léon Bonnat y Tony Robert-Fleury. A parte de asistir a los talleres de Jean-Paul Laurens y Joaquín Sorolla.

Tras cuatro años en Europa, regresó a Bogota, la ciudad de la Escuela de Bellas Artes donde lo esperaban las aulas para enseñar pintura.

Obra: Modelo en París (1889).

Óleo sobre tela. 61.5 x 49.3 cm.

Mambo

EL CENTENARIO Y UNA MEDALLA DE HONOR

En 1910 Colombia celebraba el centenario de su Independencia. En Bogotá, como parte de esa celebración, se organizó una gigantesca exposición nacional en la que Acevedo Bernal fue invitado a participar con su obra.

Una medalla de honor le quedo al pintor bogotano como reconocimiento a su participación en el centenario de la independencia de su ciudad.

Pero sus mayores aportes no estaban solamente en los premios, también estaban en las aulas.

UNA ESCUELA PARA CONSERVAR EL ARTE

Fue entre 1911 y 1918, cuando Acevedo Bernal pasó a dirigir la Escuela Nacional de Bellas Artes. Años en los que logró concretar una idea que había tenido su fundador, Alberto Urdaneta: formar, con las obras ganadoras de los concursos anuales, una colección de bellas artes.

Aquella iniciativa tendría consecuencias que llegarían hasta nuestros días.

Porque esa colección se convirtió en el origen de la pinacoteca del Museo Nacional de Colombia.

De esta manera, Acevedo Bernal no solamente dejó sus propios cuadros, también ayudó a construir un lugar donde el trabajo de otros artistas pudiera permanecer y ser visto por las generaciones futuras.

EL “ARTISTA MÁXIMO”

Pasaron los años y el reconocimiento continuó. Porque en 1928, el gobierno del presidente Miguel Abadía Méndez quiso reconocer sus méritos.

Así llegó a sus manos una corona de oro con la que fue laureado al recibir eltítulo de “Artista Máximo”.

Pero a Ricardo Acevedo Bernal todavía le quedaba un viaje pendiente.

Obra: Autoretrato (1916).

ROMA COMO ÚLTIMO DESTINO

En 1929 viajó nuevamente a Europa. Esta vez lo hizo con un cargo oficial: fue nombrado cónsul de Colombia en Roma.

Ese mismo año participó, junto con otros importantes artistas colombianos, en la Exposición Iberoamericana de Sevilla.

Era el cierre merecido a una trayectoria que había comenzado décadas atrás en Bogotá.

Pero aquel viaje a Roma resultó ser el último. El 7 de abril de 1930, Ricardo Acevedo Bernal murió en esa ciudad cuando tenía 62 años.

EL PINTOR QUE TAMBIÉN ESCUCHABA MÚSICA

Su grandiosa obra artística fue extensa. Y entre sus retratos estaban los que le hizo a sus maestros y colegas: Alberto Urdaneta, Pantaleón Mendoza, Delio Ramírez y Francisco Antonio Cano.

Así como también los retratos que le hizo a músicos como Nicolás Quevedo Rachadel y José María Ponce de León, además del padre Rafael Almansa.

Y no faltaron las muchas mujeres que quedaron en sus lienzos: Úrsula Roldán de Borda, Sofía Angulo de Reyes, Rosa Biester de Acevedo, Inés Marroquín de Vargas, Alicia Borda de Calderón, Inés Pérez de Cuervo, Dora Schröeder de Aya y Elvira Zea de Samper, entre otras.

También pintó personajes históricos como Simón Bolívar, Gonzalo Jiménez de Quesada y Antonio Nariño.

Pero hubo otra faceta menos conocida.

Acevedo Bernal fue un apasionado de la música tradicional colombiana y compuso varios pasillos, entre ellos Croquis, El diluvio y Sideral.

EL REGRESO A COLOMBIA

Habían pasado 33 años desde su muerte cuando, el 10 de enero de 1963, sus restos y los de su esposa fueron traídos nuevamente al país.

Fueron colocados en el templo del Voto Nacional, uno de los lugares donde también había dejado parte de su obra.

Fue ese el regreso a su ciudad de aquel muchacho que alguna vez estudió pintura en San Bartolomé, que cruzó el continente para conocer Nueva York, que estudió en París, recorrió Europa, enseñó a nuevas generaciones y terminó sus días en Roma.


Ricardo Acevedo Bernal dejó numerosos retratos, pinturas religiosas, obras históricas y composiciones musicales. Pero quizá su legado más grande esté en algo que va más allá de sus propios cuadros.

Porque mientras pintaba a los personajes de su tiempo, también ayudó a construir la memoria artística de un país. Prueba de ellos es que algunas de esas obras todavía permanecen allí, para que más de un siglo después podamos volver a mirarlas.

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