Don Chinche: la comedia que explicó a Colombia
Hubo un tiempo en que los domingos en Colombia tenían un ritual: la familia terminaba de comer y quizás apuraban un último café, cuando ya sonaban las notas del pasillo Los Filipichines. Ese era el momento en que el país entero parecía detenerse frente al televisor. Entonces aparecía él: camisa a cuadros gastada, corbata impecable de cuadros, rombos o círculos; verbo atropellado y esa manera tan particular de ver la vida.
Y mientras esto ocurría, Bogotá empezaba a estar bajo la violencia, el crecimiento urbano, la migración y la crisis económica. Al final, la sería sacó sonrisas mientras retrataba a la ciudad que atravesaba una década difícil, pero que, como el país, tenia “Un programa que le hará llorar…de la risa”, tal cual se leía en los carteles que la promocionaban.
📍 Bogotá — Enero 1982 / Mayo 1989 ✍️ Gruta Simbólica ⏱️ 10 minutos de lectura
| En esta historia descubrirás: | ✓ Cómo nació realmente el personaje ✓ La Bogotá popular de los años 80 ✓ Los secretos detrás de sus personajes ✓ Las frases que marcaron una generación ✓ Por qué todavía parece hablar de Colombia |
Era Francisco Eladio “Chemas” Mahecha, aunque para todos fue simplemente: Don Chinche.
No era rico ni poderoso. Tampoco un héroe de novela. Era apenas un mecánico, albañil, todero y soñador que sobrevivía como podía en su barrio de estrato bajo, tratando de “medírsele” a cualquier trabajo que le permitiera ganarse unos pesos en medio de la “inflamación monetaria… desvaluación que se dice”.
Y quizás por eso millones de colombianos terminaron viéndose reflejados en él, o por lo menos una gran mayoría, porque Don Chinche a lo que menos nos recordaba era a un personaje de televisión: bien podía ser el vecino, el tío o el amigo del barrio. El hombre que siempre encontraba una manera de salir adelante aun cuando la plata no alcanzaba. O peor, no asomara.
EL RETRATO DE UNA BOGOTÁ QUE YA NO EXISTE

A simple vista, Don Chinche parecía una comedia popular. Pero, en realidad, terminó siendo algo mucho más grande: un reflejo casi perfecto de la Bogotá obrera de los años 80.
Porque a la larga, lo que recreó la serie fue a la ciudad construida por migrantes. Provincianos que habían llegado desde diferentes regiones buscando mejores oportunidades y quienes terminaron compartiendo patios, talleres, tiendas y hasta discusiones en barrios populares de la capital.
En las calles de la capital, como hoy, convivían todos los acentos. Desde el huilense de Eutimio Pastrana Polanía, interpretado por Hernando “El Culebro” Casanova; la señora de la tienda del barrio encarnada por Doña Bertica; el elegante pero sufrido Don Joaco, al que no le quedaba de otra que fiar los almuerzos que cocinaba su esposa Bertica; el inolvidable Maestro Taverita; la soñada Señorita Elvia, eterno amor y casi imposible del Chinche; además de personajes entrañables como Rosalbita, el doctor Pardito o Doña Doris.
LOS PERSONAJES QUE EXPLICARON A COLOMBIA
Aunque todos recuerdan a Don Chinche, el verdadero secreto de la serie estaba en algo más profundo: ningún personaje parecía inventado, ninguno era secundario, o por lo menos no lo pareció.
Cada personaje tenía historia propia, problemas propios, como sueños también. Y quizás por eso, décadas después, quienes vieron la serie todavía recuerdan perfectamente quién era cada uno.

Don Chinche: el rebusque convertido en personaje
Francisco Eladio “Chemas” Mahecha no era simplemente un hombre simpático. Representaba al colombiano del rebusque. Daba igual en lo que tuviera que convertirse. Siempre a su mano la ropa del mecánico, albañil, plomero, electricista o lo que tocara ser para sobrevivir, porque había que cambiar de oficio según la necesidad del día y así enfrentar la pobreza con dignidad y hasta con humor.
Su taller, con aquella puerta hecha de latas, siempre abierta, simbolizaba algo profundamente bogotano: el pequeño negocio de barrio donde no solo se arreglaban cosas, sino donde también se conversaba de política, plata, fútbol, toros y problemas cotidianos.
Eutimio Pastrana Polanía: el migrante que llegó a Bogotá
Interpretado por Hernando “El Culebro” Casanova, Eutimio encarnaba a miles de colombianos que, como él, se vieron obligados a abandonar sus pueblos en busca de oportunidades en la capital.
Huilense, ingenuo, trabajador y terco, era el amigo inseparable de Chinche, y había llegado a Bogotá en busca de las naguas de Bertica, su madre.
Detrás de aquel personaje, pasado de buena gente, había un retrato social muy claro: la migración interna que transformó a Bogotá durante el siglo XX.
Así, como él, fueron miles las personas que llegaron a la capital desde Huila, Boyacá, Santander, Tolima, Antioquia o la Costa Caribe a construir una ciudad que todavía no estaba preparada para recibirlas.
Don Chinche fue una de las primeras series colombianas en mostrar ese choque cultural sin burlarse cruelmente de él.
La Señorita Elvia: el amor del Chinche
Paula Peña interpretó a una de las figuras más queridas de la serie, a la Señorita Elvia, llegada de algún lugar boyacense, se convirtió en el amor casi inalcanzable de maestro Chinche.
Pero Elvia también rompía un estereotipo: representaba a la mujer trabajadora campesina, independiente y con criterio propio, algo poco común en muchas producciones televisivas de la época.
Maestro Taverita: el intelectual de esquina
Interpretado por Humberto Martínez Salcedo, el Maestro Taverita representaba al hombre culto venido a menos. Un sabio zapatero, ya en el otoño de su vida, que no negó un consejo al que lo supo escuchar.
En fin, un personaje lleno de ironía, comentarios filosóficos y humor fino, que parecía cargar consigo cierta nostalgia por una vida mejor. Y es que, en muchos sentidos, Taverita representaba esa clase popular ilustrada que sobrevivía en una Colombia económicamente difícil.
Doña Bertica y Don Joaco: la familia improvisada del barrio
Doña Bertica fue la vecina protectora, regañona y maternal que toda cuadra parecía tener, la que no negaba el pan a nadie, además de la madre protectora de Eutimio.
Mientras tanto, Don Joaco, interpretado por Silvio Ángel, representó al hombre tradicional, trabajador y golpeado por las dificultades económicas, y padrastro, a regañadientes, del joven Eutimio.
Junto a otros personajes como Doña Doris, Rosalbita o el doctor Pardito, ayudaron a construir algo que hoy parece escaso: el sentido de comunidad.
Porque en Don Chinche todos discutían, se burlaban unos de otros y hasta peleaban… pero al final terminaban ayudándose.
EL BARRIO DE DON CHINCHE
Aunque muchos lo recuerdan como un lugar casi mítico, el barrio de Don Chinche se parecía demasiado a la Bogotá real de los años 80.
No era con seguridad un escenario elegante ni idealizado, más bien el retrato de la ciudad popular: calles estrechas, talleres improvisados, fachadas envejecidas, puertas de latas, cables enredados y vecinos que todavía sabían el nombre del otro.
Buena parte de las grabaciones se realizaron en exteriores que recreaban los barrios obreros de Bogotá, especialmente aquellos sectores populares del occidente y sur de la ciudad donde convivían familias llegadas de diferentes regiones del país.

Y es que el universo de Don Chinche estaba construido con elementos profundamente reconocibles para cualquier bogotano de la época.
Allí estaban los talleres de barrio, como el de Chinche, lugares donde se arreglaba de todo: carros, bicicletas, puertas, ollas o lo que apareciera. Sitios que también funcionaban como tertuliaderos improvisados donde se hablaba de todo y de problemas cotidianos.
También estaban las casas de inquilinato y viviendas compartidas, comunes en la Bogotá popular de entonces. Espacios pequeños donde varias familias o allegados convivían entre patios, cocinas comunes y corredores estrechos, reproduciendo algo muy colombiano: la cercanía obligada entre vecinos.
Las tiendas de barrio, como la de Doña Bertica, eran mucho más que un negocio. Allí se fiaba el arroz, se comentaban las noticias del día y se resolvían discusiones vecinales. Eran, en muchos sentidos, el corazón social de la cuadra.
La arquitectura también decía mucho de aquella ciudad: viviendas sencillas de ladrillo o bahareque reformado, locales improvisados en el primer piso, avisos pintados a mano y fachadas construidas poco a poco, conforme alcanzaba el dinero. Por eso Don Chinche todavía parece tan real porque no mostraba una Bogotá inventada. Todo lo contrario, mostraba la ciudad que millones de colombianos vivieron, la de los barrios hechos a pulso, el rebusque cotidiano y la solidaridad entre vecinos. Aquella donde todavía era normal dejar la puerta medio abierta para conversar con el de al lado
EL GRAN SECRETO DE DON CHINCHE
Quizás el verdadero secreto de la serie fue este: no hablaba de personajes extraordinarios, en ella se hablaba de personas comunes. Gente que sufría por la plata, por el amor, por el trabajo o por el futuro, pero que aun así encontraba motivos para reír.
Y tal vez por eso sigue vigente. Porque, aunque hayan cambiado las calles, las fachadas o los televisores… Colombia todavía se parece un poco a ese barrio de Don Chinche.
“¡CUÁNTO LUJO EN LA POBREZA!”
Si algo quedó de Don Chinche fueron sus frases. Ese lenguaje bogotano deformado, a veces burlón, afectuoso y profundamente popular terminó entrando al vocabulario de toda una generación.
Todavía hoy muchos recuerdan expresiones como:
| Bogotá entre 1982 y 1989 📍 Toma del Palacio de Justicia 📍 Nació la Filbo 📍 El narcotráfico atacó la ciudad 📍 Más vías y más expansión urbana | “Supersona”, “Juepucha, socio”, “Permítame su educación”, “Otra vez nos vemos las carátulas”. O aquella frase que terminó definiendo una forma muy colombiana de resistir la dificultad: “¡Cuánto lujo en la pobreza!” |
Había humor, sí. Pero también había dignidad. Así, la serie mostraba carencias económicas, rebusque, desempleo y dificultades cotidianas, pero lo hacía desde la solidaridad del barrio, desde la amistad y desde la capacidad casi infinita de reírse de la tragedia.
ANTES DE DON CHINCHE, YA EXISTÍA EL PERSONAJE

Muchos no lo recuerdan, pero el personaje no nació realmente en Don Chinche. Antes, Héctor Ulloa ya había interpretado un personaje parecido en la legendaria serie Yo y Tú, donde se llamaba Régulo Engativá.
Incluso el famoso apodo “Chinche” ya existía desde años atrás, cuando Fernando González Pacheco comenzó a llamarlo así en Operación Ja-Ja, programa considerado antecesor de Sábados Felices.
Pero fue gracias a los libretos de Pepe Sánchez que “Pechín Chemas” terminó convirtiéndose en el personaje que marcaría la televisión colombiana.
LA SERIE QUE EXPLICÓ A COLOMBIA
Emitida por RTI Producciones entre el 2 de enero de 1982 y el 7 de mayo de 1989, Don Chinche fue creada por Fernando Gómez Agudelo y Pepe Sánchez, quien además ayudó a construir uno de los universos más auténticos que haya tenido la televisión nacional.
No en vano, años después fue considerada por muchos críticos y televidentes como la mejor comedia colombiana del siglo XX. Y quizás lo sigue siendo porque, al volverla a ver, todavía conserva vigencia.
| LAS FRASES MÁS RECORDADAS DE DON CHINCHE 📖 Otra vez nos vemos las carátulas 📖 ¡Cuánto lujo en la pobreza! 📖 Permítame su educación 📖 Juepucha, socio 📖 Supersona 📖 A lo bien , socio 📖 No sea malito 📖 ¿Y qué, cómo la ve desde ahí? |
¿POR QUÉ DON CHINCHE SIGUE VIGENTE?
La respuesta es fácil: Colombia todavía se parece demasiado al país que mostró la serie. El rebusque, el costo de la vida, la inflación, el vecino que ayuda, el trabajo informal y los sueños de quienes llegan a la ciudad buscando oportunidades siguen estando allí. Cambiaron los barrios y los televisores, pero muchas preocupaciones parecen seguir intactas.
MUCHO MÁS QUE NOSTALGIA
Resulta, entonces, que recordar Don Chinche no es solo hablar de televisión. Es volver a una Bogotá de talleres de barrio, puertas de lata, vecinos que se conocían por nombre y tardes de domingo frente al televisor.
Es recordar una ciudad más pequeña, más áspera, pero también más cercana. Una ciudad donde, pese a todo, todavía había tiempo para suplicar, desde una puerta o ventana:
“Manquesea una miradita, mi flor de arrabal”.
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