El Día de la Victoria en la plaza de Bolívar
Hace 80 años, el 8 de mayo de 1945, Europa celebró el fin de la Segunda Guerra Mundial. Pero eso no solo ocurrió en el Viejo Continente, en el Nuevo, y en países como Colombia, fueron muchas las personas que salieron a las calles, y no solo en Bogotá, otras ciudades también se sumaron por esos días a la celebración que llegó a conocerse como el Día de la Victoria.
Pasó, que el 6 de mayo de 1945 el ministro de relaciones de Alemania, Von Krosig, dijo por la radio: “Después de cerca de 6 años de lucha, hemos sucumbido”. Esa declaración no era otra cosa que la entrega de los nazis sobre las ruinas de Berlín, el comienzo del fin de la II Guerra Mundial a la que poco le quedaba: la rendición de Japón, que llegó en el siguiente septiembre. El mundo se paralizó con la noticia, como sucedió en Colombia desde las 8 de la mañana de aquel domingo de mayo, tan pronto supo de la buena nueva a través de las radiodifusoras que suspendieron sus programaciones habituales ante el anuncio de las agencias internacionales.
En Bogotá, en sus oficinas públicas, en algunas de sus calles y hasta en las casas, se usaron las banderas colombianas y extranjeras. Poco fue el tiempo que necesitaron los estudiantes para organizar pequeñas manifestaciones y tomarse las calles. Ya a las diez de esa mañana, era casi total la paralización de las actividades.
Al día siguiente, lunes 7 de mayo, se anunció en los diarios que el Gobierno había decretado dos días de fiesta nacional. Eso a primera hora, porque a la una de la tarde el ruido corrió a cargo de las bandas de guerra de la ciudad que se tomaron el parque Santander. Pero la gran aglomeración de ciudadanos, de toda índole, estaba prevista para el siguiente día, martes, en la plaza de Bolívar, tras la firma de la paz en las ruinas de Berlín.
A la plaza de Bolívar
No fue suficiente el transporte público para la cantidad de personas que llegaron ese martes a la Plaza de Bolívar. Pasó, que, sin importar su color político ni la clase social, miles de bogotanos, entre ellos los alumnos de 15 colegios, se unieron desde muy temprano a la iglesia, a los militares y a los dirigentes del Gobierno para celebrar el Día de la Victoria. Fueron incontables las gargantas de las que salieron constantes ¡Viva Colombia! frente a la Basílica.
Pero no fue solo en ese lugar. Más allá, o más acá, de la plaza, en los edificios ubicados sobre la calle 11 y en las casas de la carrera Séptima, se seguía luciendo el pabellón nacional. Por ahí fue por donde se vio el desfile de las distintas tropas que se dieron cita hacia las 9 de la mañana en la plaza de Bolívar, bajo la supervisión del coronel Alfredo Duarte. Antes de llegar frente a Catedral, los soldados marcharon frente al hotel Granada, el Regina, el Palacio Liévano…
Y los que no pudieron llegar a la cita (tenía Bogotá por entonces cerca de 500mil habitantes), siguieron los pormenores de la celebración por la radio. De cualquier manera, fueron ellos los privilegiados que escucharon en directo a Winston Churchill, el primer ministro del Reino Unido. También a Harry S. Truman, con menos de un mes como presidente de los Estados unidos tras suceder a Franklin Delano Roosevelt quien murió, el 12 de abril de ese año, en los umbrales de la victoria. Truman y Churchill pronunciaron sus discursos con los que anunciaron al mundo el advenimiento de la Paz, y que en Colombia se escucharon a través de la Radiodifusora Nacional que junto a otras cadenas trasmitieron a control remoto desde la propia plaza. Y se escuchó más:
Por ejemplo, se trasmitió que fueron casi 300 las banderas que se formaron frente a la Basílica Primada, que casi igual número fueron los alumnos de los colegios que vistieron su uniforme de gala con la misma cantidad de banderas en sus manos y al pie de la estatua del libertador Simón Bolívar. También contaron los locutores, para alimentar la imaginación de los radioescuchas, cosa que también tuvieron que hacer los que estaban en la plaza, que la Catedral se dividió en dos por obra y gracia de la calle de honor que la atravesó para que por ella desfilara el entonces presidente Alfonso López Pumarejo y su esposa María Michelsen Lombana, también por el alcalde de la ciudad, Juan Pablo Llinás. Allá habían llegado metidos en otro desfile, el que salió del Palacio de la Carrera, en busca de Israel Perdomo, el arzobispo de la ciudad.
Ellos, más distintos funcionarios del cuerpo diplomático y religioso, salieron al atrio de la Catedral a eso de las 11 de la mañana. Y entonces, las bandas de guerra, apostadas en tres costados de la plaza, hicieron el toque de tres minutos que ordenó el Gobierno. Fue, un minuto de silencio que duró 180 segundos, mientras las cabezas de los asistentes se inclinaron para recordar a los soldados caídos. Fue un gesto a la memoria de los caudillos de la libertad, se dijo. Terminado el silencio vino otro ¡Viva Colombia! gritado con lo que quedaba en los pulmones. En ese momento, la plaza bogotana ya era todo júbilo celebrando el Día de la Victoria. Nada parecido había vivido Bogotá, se contó, mientras algunos recordaron los días en que se conmemoró el centenario de la muerte de Simón Bolívar, 15 años atrás.
La ‘V’ de las palomas y de la fuerza Aérea
Otra historia fue la de las palomas mensajeras que volaron sobre la plaza de Bolívar esa mañana. Resulta que el general Domingo Espinel, entonces ministro de Guerra, solicitó por la radio a la sociedad bogotana de palomas mensajeras, el día lunes, el vuelo de sus aves. Luis Pulido, presidente de dicha sociedad, se reportó con toda la tropa de su palomar: 200 aves. Pero tal cantidad le debió parecer poca al general que pronto lanzó el anuncio radial de manera nacional. Así, a la capital, o mejor, a la plaza de la estatua de Bolívar, llegaron en igual número a las bogotanas, mensajeras de Cali, Bucaramanga y Neiva. Todas esas palomas se soltaron desde un camión del ejército parqueado a un costado de la plaza. Llevaban los pajarraco cintas de seda con colores de distintas banderas, las de los países aliados.
Tras soltar el palomar completo, inmediatamente el presidente de la República y el resto del comité diplomático se marchó de vuelta al Palacio de la Carrera, en medio de una atronadora salva de aplauso que llegaban desde los dos costados de la vía. Con su mano en alto, correspondió López Pumarejo. Y detrás los tanques del ejército en otro imponente desfile, no uno más.
Antes, a las 10 horas y 50 minutos, otros pájaros, estos de acero, también volaron sobre las cabezas de la multitud agolpada en la plaza. Dos escuadrillas de la Fuerza Aérea entraron en acción. La primera, liderada por el coronel Luis Arturo Rodríguez, proveniente del aeropuerto de Techo, y con cinco aviones, fue la encargada de hacer una formación en ‘V’ que todos vieron 200 metros arriba.
Terminada la revista, se perdieron en el cielo mientras se dirigían a la base aérea de Madrid para informarle a sus colegas, desde el aire, que en la plaza bogotana los esperaban. Así fue como una segunda cuadrilla, esta con nueve naves y dirigida por el comandante Jorge Bustos, también formó en su vuelo la ‘V’. Pero antes de llegar a la celebración, los aviones volaron dos veces sobre la entonces pequeña ciudad de Bogotá. Y fue ahí, cuando los que estaban pendientes de la radio asomaron su cabeza por una ventana.
Todo el país
Como ya contamos, no solo Bogotá celebró el Día de la Victoria. Desde todas las ciudades se reportó que más de una bandera se ondeó en sus calles. Como en Santa Marta, donde un desfile llegó hasta el palacio de la Gobernación. O en Barranquilla donde todo el comercio se cerró para que todos se fueran al Paseo Bolívar, como se informó en El Heraldo, el periódico de esa ciudad que tuvo que sacar tres ediciones extras ese mismo día, dada la sed de noticias de los barranquilleros. En otra plaza de Bolívar, la de Tunja, también se escuchó el Te Deum, ese himno cristiano que se entona en las ocasiones especiales.
“El gobierno de Antioquia se encuentra verdaderamente alborozado con la noticia del advenimiento de la paz”, dijo el gobernador de ese departamento desde Medellín, la ciudad en la que los estudiantes se tomaron las calles con verdadera pasión hasta llegar a la plaza de Nutibara, y de ahí al parque Berrío.
Y hubo más. Por ejemplo, en Ibagué, se vio un verdadero oleaje humano estremeciendo sus calles, o por lo menos así lo contó el corresponsal de El Tiempo en esa ciudad. D´arthaluz, tal era el alias del periodista, contó que, en la capital musical, metido en los desfiles, había un comunista resaltando la fuerza de Rusia, a la que, según él, se le debía haber llegado a ese esperado Día de la Victoria.
Desde la avenida Cúcuta hasta la plaza de Bolívar, se realizó un desfile en el que estaban todos los cucuteños, eso se dijo. Lo cierto, es que, en el palacio Nacional de esa ciudad, adornado con una carroza con una ‘V’ en laureles, se entonó el himno de las Américas y se guardó un minuto de silencio en honor a Franklin Delano Roosevelt. Allá, en esa frontera, también volaron los aviones y se lanzaron desde el aire volantes alusivos al triunfo de la democracia.
Al día siguiente, 9 de mayo, los periódicos nacionales contaron que, en Montería, el liberal Gabriel Turbay era recibido entre aclamaciones. Meses después, con la entrega de Japón, el 2 de septiembre, se liquidó definitivamente la II Guerra Mundial, al tiempo que Jorge Eliecer Gaitán, lanzaba su candidatura independiente a la presidencia de la República. Resulta, que en Colombia se empezaba a vivir otra campaña por la presidencia, pero no era esta una más. Esta vez, lo dictado en las urnas, un año después, tendría las consecuencias que metieron al país en un viaje sin retorno. Colombia, que celebró el fin de una guerra mundial, estaba a punto de meterse en un conflicto propio.
Las imágenes, tomadas de la página de Facebook del Archivo de Bogotá, son del gran Sady González.
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